martes, 2 de julio de 2013

..:: Cómo dejar de ser poeta ::..

Cómo escribir poemas y no verse reconocido cuando se vuelven a leer, intentar reinterpretar la realidad en figuras cotidianas pero fabulosas. Tal vez sea como ser un científico subjetivo, que usando la ciencia demuestra lo que ha escarbado en su mente solo usando números en la dictadura de la matemática. Y es que a tientas el poeta quiere demostrar que dos extrañas palabras puedan referirse a lo mismo. Pero el científico lo puede repetir hasta la nausea, y el poeta muere en las arcadas mientras sólo sabe de miradas fijas hasta pulverizar todo lo que observa. Si UD se ha sentido, alma lectora, escasa de palabras para decir lo que piensa o lo que siente, si las notas no le bastan para tocar sus canciones aguardadas, si se cansó de haber probado con las análogas comparaciones, (atentar contra los conceptos cerrados que se definen a sí mismos como lo real). Si UD está ya harto de escribir lo que nunca va a ocurrir, que las estrellas son lunares en el cielo de la espalda de una mujer, que sus lágrimas sirven para acariciarle la piel cuando piense en un amor que se fue, pues lea atentamente y recite conmigo lo que viene...



1.) Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar, qu´es el morir.
Allí van los señoríos
derechos a se acabar
e consumir.

Ha facido la distancia,
o sea, yo.
No chorree buen Manrique
no moje, no hay quien planche
no discurra ni se escancie,
haga como el agua de excusado
caiga derecho
(y no se atore al discurrir)

2.) Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido,

cuántas sorpresas Don Lorca,
que es sabido en esos casos insistir,
no se espante y menos deje a la señora,
ya lo dijo el viejo adagio,
(porque amar es compartir).

3.) Silencio la tierra va a dar a luz un árbol,
La muerte se ha dormido en el cuello de un cisne,
Y cada pluma tiene un distinto temblor.

No es temblor el manifiesto que se escribe, buen Huidobro,
el silencio de la tierra no es al árbol
es que no despierte la muerte,
y así repartir entre menos
para cuando se yanten el cisne.


4.) Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara,
simple como un anillo.
Eres como la noche callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Déjeme que le hable también con mi silencio,
que ya vuelvo,
voy a practicar telepatía
(que algo me cayó mal en la comida)
Y no importa, yo sentado en aquella taza y
sobre aquel sello de agua sin abdicar repetiré:
“Nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar...”



MAuro



Pd: Hago extensivo mi afectuoso saludo por las facilidades del caso a Jorge Manrique, Federico García Lorca, Vicente Huidobro y Neftalí Reyes. Gracias chicos.

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